miércoles, 5 de septiembre de 2012

Primera "mini" eXplosión

El insomnio es terrible, es lo peor que le puede pasar a una persona de bien a las 3:13 de la madrugada. Como todas y todos, o la inmensa mayoría, hemos visto "El club de la lucha" nos podemos hacer una pequeña idea, ¿no?

Siento decir que mi primer post no va a ser todo lo originar que tal debiera ser. Ahora bien, como lorquina tenía que empezar por lo primero, recordando el 11 de mayo de 2011. Un año después escribí un pequeño texto que vio la luz gracia a dos personas que me prestaron su espacio en sus propios blogs. Ahora que tengo el mío propio "es justo y necesario" que esté también aquí.

Ni que decir tiene que las cosas no han cambiado mucho desde que lo escribí, la cosa sigue más o menos igual. Es cierto que no habla de las demoliciones que las administraciones locales, regionales y nacionales se niegan a pagar y están siendo costeadas por los propios particulares. Pero claro, si los lorquinos nos hemos gastado el dinero de esta tragedia en chorradas lo tenemos merecido, ¿verdad? Y si no que se lo pregunten al diputado del PP por Murcia Vicente Martínez Pujalte.

Espero que os guste.

Movilización, movilización y movilización

El 15 de mayo del año pasado España veía nacer el germen de un movimiento social de trascendencia mundial, un movimiento que supuso un grito multitudinario de indignación y rebeldía y que algunos bautizaron como la “spanish revolution”. Pocos o casi ninguno de los que se manifestaron por la Gran Vía de Murcia eran lorquinos. El tiempo se había parado en la Ciudad del Sol cuatro días antes y desde ese día vivimos en una especie de “Universo atemporal” donde nada cambia, todo sigue igual, nada avanza.

De pronto toda España, la misma que se estaba preparando para el nacimiento del 15M, supo ubicar Lorca en un mapa, sus habitantes pasamos a ser los destinatarios de toda la atención mediática del país y las imágenes escabrosas y morbosas circularon sin cesar. No voy a rememorar el sufrimiento de esos primeros días, permanecer anclado en el pasado no ayuda a nadie, es mejor hablar de presente. Pero sí me quedaré con la energía con la que mi barrio, La Viña, se defendió con uñas y dientes ante el desastre, con el sentimiento de unidad y cercanía de los vecinos, con la absoluta certeza de saber que no estábamos solos, de saberte acompañado aunque durmieras en una litera de un campamento militar.

El tiempo ha pasado, pero no lo ha hecho para todos por igual. Para muchos la vida ya ha vuelto más o menos a la normalidad, sus problemas son los mismos que los de la mayoría: paro, crisis, prima de riesgo, recortes, recortes y más recortes. Pero para los que seguimos viviendo dentro del “Universo atemporal” nada, o poco, ha cambiado y debemos enfrentarnos a la cruda realidad de la recesión económica en un marco de escombros y demoliciones. ¿A nadie le resulta curioso que los barrios más afectados sean precisamente barrios humildes y de gente trabajadora? ¿A nadie le indigna que las diferencias sociales se agudicen en momentos difíciles y de crisis? ¿A nadie le entristece que no dispongamos de un entramado público y social fuerte capaz de dar respuesta de manera rápida y eficaz a los problemas de los ciudadanos?

Otra cosa que hemos aprendido muy bien los lorquinos durante este año es que “la vida es cuestión de prioridades”. ¿Cómo es posible que iglesias y monumentos hayan sido una prioridad mientras que institutos y colegios siguen todavía en estado de ruina y miles de personas continúan sin un lugar donde vivir? Además, todavía a fecha de hoy quedan edificios sin demoler. La invención del concepto de “ruina económica” -según el cual resulta más caro arreglar un edificio, aunque sea posible hacerlo, que demolerlo y construir uno nuevo- implica el sinsentido disparate de que el coste de la demolición corra a cuenta de los dueños de las viviendas, algo a todas luces injusto, cruel y desproporcionado cuando se hablan de cientos de miles de euros.

Evidentemente el mundo de las prioridades lorquinas está íntimamente relacionado con esas ayudas prometidas que no llegan. El conflicto continuo y constante entre gobierno regional y central, algo que nos quisieron vender en pleno proceso electoral como consecuencia de la diferencia de colores entre los gobernantes de un y otro lado, ha quedado un poco en evidencia. Ahora que el azul invade casi la totalidad de la geografía española siguen existiendo como el primer día las dificultades, y las ayudas siguen en paradero desconocido. No hay que olvidar que hace tan solo unas semanas los lorquinos nos movilizamos por las calles de Murcia exigiendo que el dinero que el gobierno central había mandado al regional llegara por fin a los lorquinos.

Con todo esto, es inevitable preguntarse si de verdad somos todos iguales y tenemos las mismas oportunidades. Evidentemente la respuesta terrible a esa pregunta es que no. Mientras pequeños comercios afrontan alquileres abusivos que dificultan la subsistencia de su negocio, algo que habría podido evitarse con una buena gestión pública de los locales disponibles, grandes compañías no tienen problemas a la hora de continuar con su actividad comercial al tirar de financiación privada. ¿No resulta curioso que el Mercadona de La Viña volviera a abrir sus puertas en agosto? En solo tres meses tuvo tiempo de adquirir un nuevo solar y levantar un flamante edificio con el que seguir con su actividad comercial.

¿Volveremos los lorquinos a ver la ciudad igual que estaba antes del terremoto? Esa duda nos asalta con frecuencia y todavía nos cuesta ser optimistas, ¿no es una tomadura de pelo aprobar un “Plan Lorca” sin asignación económica en los Presupuestos Generales del Estado? Muy probablemente la esperanza llegará cuando en los barrios empecemos a ver grúas, eso significará que estamos un poco más cerca de la normalidad, de cerrar la herida y de dejar de ver manzanas y manzanas de solares donde antes vivían nuestros vecinos.

Un día después del aniversario de los terremotos, el movimiento 15M también se moviliza en todo el país por su “cumpleaños”. A modo de alegoría poética ambos acontecimientos están obligados a coincidir para recordarnos que la resignación no es una opción, que la lucha continua. Movilización, movilización y movilización, es la alternativa que tenemos los ciudadanos y ciudadanas para exigir lo que es justo

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