Siento decir que mi primer post no va a ser todo lo originar que tal debiera ser. Ahora bien, como lorquina tenía que empezar por lo primero, recordando el 11 de mayo de 2011. Un año después escribí un pequeño texto que vio la luz gracia a dos personas que me prestaron su espacio en sus propios blogs. Ahora que tengo el mío propio "es justo y necesario" que esté también aquí.
Ni que decir tiene que las cosas no han cambiado mucho desde que lo escribí, la cosa sigue más o menos igual. Es cierto que no habla de las demoliciones que las administraciones locales, regionales y nacionales se niegan a pagar y están siendo costeadas por los propios particulares. Pero claro, si los lorquinos nos hemos gastado el dinero de esta tragedia en chorradas lo tenemos merecido, ¿verdad? Y si no que se lo pregunten al diputado del PP por Murcia Vicente Martínez Pujalte.
Espero que os guste.
Movilización,
movilización y movilización
El
15 de mayo del año pasado España veía nacer el germen de un
movimiento social de trascendencia mundial, un movimiento que supuso
un grito multitudinario de indignación y rebeldía y que algunos
bautizaron como la “spanish revolution”. Pocos o casi ninguno de
los que se manifestaron por la Gran Vía de Murcia eran lorquinos. El
tiempo se había parado en la Ciudad del Sol cuatro días antes y
desde ese día vivimos en una especie de “Universo atemporal”
donde nada cambia, todo sigue igual, nada avanza.
De
pronto toda España, la misma que se estaba preparando para el
nacimiento del 15M, supo ubicar Lorca en un mapa, sus habitantes
pasamos a ser los destinatarios de toda la atención mediática del
país y las imágenes escabrosas y morbosas circularon sin cesar. No
voy a rememorar el sufrimiento de esos primeros días, permanecer
anclado en el pasado no ayuda a nadie, es mejor hablar de presente.
Pero sí me quedaré con la energía con la que mi barrio, La Viña,
se defendió con uñas y dientes ante el desastre, con el sentimiento
de unidad y cercanía de los vecinos, con la absoluta certeza de
saber que no estábamos solos, de saberte acompañado aunque
durmieras en una litera de un campamento militar.
El
tiempo ha pasado, pero no lo ha hecho para todos por igual. Para
muchos la vida ya ha vuelto más o menos a la normalidad, sus
problemas son los mismos que los de la mayoría: paro, crisis, prima
de riesgo, recortes, recortes y más recortes. Pero para los que
seguimos viviendo dentro del “Universo atemporal” nada, o poco,
ha cambiado y debemos enfrentarnos a la cruda realidad de la recesión
económica en un marco de escombros y demoliciones. ¿A nadie le
resulta curioso que los barrios más afectados sean precisamente
barrios humildes y de gente trabajadora? ¿A nadie le indigna que las
diferencias sociales se agudicen en momentos difíciles y de crisis?
¿A nadie le entristece que no dispongamos de un entramado público y
social fuerte capaz de dar respuesta de manera rápida y eficaz a los
problemas de los ciudadanos?
Otra
cosa que hemos aprendido muy bien los lorquinos durante este año es
que “la vida es cuestión de prioridades”. ¿Cómo es posible que
iglesias y monumentos hayan sido una prioridad mientras que
institutos y colegios siguen todavía en estado de ruina y miles de
personas continúan sin un lugar donde vivir? Además, todavía a
fecha de hoy quedan edificios sin demoler. La invención del concepto
de “ruina económica” -según el cual resulta más caro arreglar
un edificio, aunque sea posible hacerlo, que demolerlo y construir
uno nuevo- implica el sinsentido disparate de que el coste de la
demolición corra a cuenta de los dueños de las viviendas, algo a
todas luces injusto, cruel y desproporcionado cuando se hablan de
cientos de miles de euros.
Evidentemente
el mundo de las prioridades lorquinas está íntimamente relacionado
con esas ayudas prometidas que no llegan. El conflicto continuo y
constante entre gobierno regional y central, algo que nos quisieron
vender en pleno proceso electoral como consecuencia de la diferencia
de colores entre los gobernantes de un y otro lado, ha quedado un
poco en evidencia. Ahora que el azul invade casi la totalidad de la
geografía española siguen existiendo como el primer día las
dificultades, y las ayudas siguen en paradero desconocido. No hay que
olvidar que hace tan solo unas semanas los lorquinos nos movilizamos
por las calles de Murcia exigiendo que el dinero que el gobierno
central había mandado al regional llegara por fin a los lorquinos.
Con
todo esto, es inevitable preguntarse si de verdad somos todos iguales
y tenemos las mismas oportunidades. Evidentemente la respuesta
terrible a esa pregunta es que no. Mientras pequeños comercios
afrontan alquileres abusivos que dificultan la subsistencia de su
negocio, algo que habría podido evitarse con una buena gestión
pública de los locales disponibles, grandes compañías no tienen
problemas a la hora de continuar con su actividad comercial al tirar
de financiación privada. ¿No resulta curioso que el Mercadona de La
Viña volviera a abrir sus puertas en agosto? En solo tres meses tuvo
tiempo de adquirir un nuevo solar y levantar un flamante edificio con
el que seguir con su actividad comercial.
¿Volveremos
los lorquinos a ver la ciudad igual que estaba antes del terremoto?
Esa duda nos asalta con frecuencia y todavía nos cuesta ser
optimistas, ¿no es una tomadura de pelo aprobar un “Plan Lorca”
sin asignación económica en los Presupuestos Generales del Estado?
Muy probablemente la esperanza llegará cuando en los barrios
empecemos a ver grúas, eso significará que estamos un poco más
cerca de la normalidad, de cerrar la herida y de dejar de ver
manzanas y manzanas de solares donde antes vivían nuestros vecinos.
Un
día después del aniversario de los terremotos, el movimiento 15M
también se moviliza en todo el país por su “cumpleaños”. A
modo de alegoría poética ambos acontecimientos están obligados a
coincidir para recordarnos que la resignación no es una opción, que
la lucha continua. Movilización, movilización y movilización, es
la alternativa que tenemos los ciudadanos y ciudadanas para exigir lo
que es justo
No hay comentarios:
Publicar un comentario